El viernes pasado una compañera de trabajo que lleva los temas sindicales me informó que en la próxima semana tendremos una reunión informativa en la que el sindicato nos informará del estado de las negociaciones con la empresa.
El tema es que en Julio nos caduca el convenio colectivo y como es lógico la patronal no ha querido acordar su renovación.
Digo que es lógico porque con la última reforma laboral si no hay acuerdo para una renovación del convenio se pasa automáticamente a un convenio general. Esto en nuestro caso puede suponer un aumento en las horas de trabajo y la muy posible pérdida del “Plus convenio” que supone un 20% de nuestro salario.
Lo que me sorprendió fue la forma en la que la representante sindical me planteó el tema.
En primer lugar me comentó que había una propuesta de Huelga del sector, pero que ni siquiera me preguntaba si quería ir o no a huelga porque ya se veía que más del 80% de la plantilla no quería, y como tenía que ser por acuerdo unánime ya era inviable que se acordara que si.
En segundo lugar, al mostrar yo mi indignación por la falta de respuesta de mis compañeros me dijo que la empresa no era responsable de estos hechos, más bien teníamos que mirar a la patronal, la generalitat, el gobierno, la troika… Vaya, esa clásica jugada que tan bien les ha salido a las operadoras telefónica que van pasándote de un departamento a otro eludiendo responsabilidades. ¿Quién es el responsable entonces?
Veo la situación que en este caso me afecta directamente como algo que refleja la situación actual en España y la actitud que como sociedad tomamos para responder ante estas circunstancias.
Los medios de comunicación han hecho una labor encomiable, digna de ser recordada para la posteridad y de ser estudiado en los libros de historia (si es que en un futuro los sigue habiendo) que estudien generaciones futuras en las escuelas.
Llevamos el miedo en el cuerpo. El constante bombardeo mediático de la situación actual junto al hecho de que 1 de cada 4 españoles se encuentra sin trabajo han hecho que estemos dispuestos a asumir trabajar más por menos dinero. Hecho que nos hace despotricar en el bar, en Twitter o en un blog (como estoy haciendo yo) para después evadirnos tratando de ser jueces de otras personas mientras vemos el Gran Hermano de turno o descargamos nuestra ira contra el árbitro (o el entrenador) al que adjudicamos la responsabilidad de que nuestro equipo haya perdido la final de turno. Pronto se nos vuelve a contentar con otro reality o rumores de prometedores fichajes por parte de nuestro equipo.
Los geeks en esto también tenemos nuestro bocado evasivo. Nuevos gadgets y servicios prometedores que nos hacen tener esa sensación de satisfacción que tras unos días se esfuma. Círculo que si no se va repitiendo con cierta regularidad nos deja con esa frustración que tanto queremos evitar. Al menos es lo que puedo ver en mi mismo, si es algo que se da en ti o no ya te corresponde a ti pensarlo.
El miedo nos paraliza, la evasión nos pone el sillón. Nos pueden bajar el sueldo, quitar servicios sociales aludiendo que no hay dinero -cuando ese mismo dinero se quita de allí para ingresarlo en los bancos o para pagar intereses de deuda que van a parar a las manos de los mismos especuladores que provocaron la crisis-, podemos ver como un gobierno elegido democráticamente pierde soberanía obedenciendo los dictados de la Troika y los Mercados. ¡¡Seguiremos sentados en el sofá!! Afortunados aquellos que conseven su trabajo. Ya no importa si a tu vecino le cortan las barbas o le pelan el culo.
Luchas perdidas… no sirve de nada luchar. Es el sentir general. Por que, ¿Contra qué se lucha exactamente? Los responsables son anónimos. ¿Pero acaso no tiene resposabilidad el empresario? ¿Acaso no tiene responsabilidad el Gobierno? Y lo que es más importante, ¿Acaso no tenemos responsabilidad nosotros?
Aquello que sembremos lo recogerán nuestros hijos. Llevemos cuidado no sembrar demasiado en ahuecar con nuestro culo un sofá que tengamos que vender mañana en el mercado de segunda mano.
Sucede algunas veces que uno lee una serie de libros que, sin ser necesariamente de la misma temática, le llevan a pensar sobre un tema en particular.
Eso es lo que me ha pasado hace poco con la lectura de “No os rindáis” de Stéphane Hessel, “Cypherpunks” de Julian Assange y “¿Qué harías si no tuvieras miedo?” de Borja Vilaseca. Libros que no tienen nada que ver uno con otro pero que tratan un mismo tema de fondo: actuar, pasar a la acción.
No os rindáis (Stéphane Hessel)
Se podría decir que se trata del último grito de Hessel. Pues el libro se publicó poco después de la noticia de su muerte. El legado que deja el autor a los españoles (a quienes va dirigida la obra).
Se podría decir que se trata de una carta abierta a los indignados españoles en la que advierte del peligro (ya suficientemente contrastado por la historia del ser humano) de una revolución violenta. Algo que Hessel advierte pues en situaciones como la actual no es una locura que llegue a pasar.
Sin duda la revolución violenta es una opción cuando la gran cantidad de protestas no traen frutos y se entra en una fase de frustración, pero es una opción que solo trae dolor, sufrimiento y una posición más absolutista por parte del gobierno de turno.
¿Qué propone Hessel? Regenerar el sistema desde dentro. Anima a aquellos que estén inquietos a formar parte de los partidos políticos con los que tengan mayor sinfonía con sus ideales. El sistema solo podrá cambiarse si se hace desde dentro, y para ello aquellos que quieren un cambio tendrán que estar allí para ser parte de él.
Cypherpunks (Julian Assange)
Interesante conversación entre Julian Assange, Jacob Appelbaum y Andy Müller-Maguhn. El tema que tratan es el de internet. De cómo una herramienta que nació para ser la herramienta democratizadora por excelencia y una gran fuente de libre información se ha ido convirtiendo en un medio controlado y que sirve para controlar a los ciudadanos.
La cantidad de datos y comunicaciones nuestras que aloja la nube son cada vez más propicias a ser analizadas y controladas por los gobiernos (especialmente el de EEUU). La tecnología avanza a pasos agigantados y con ese avance se mejoran las herramientas de rastreo y analisis de metadatos. Otro peligro del que advierten es del abaratamiento en los costes para poder almacenar datos que son analizados posteriormente.
Nos hablan de dos frentes abiertos. En primer lugar el de los gobiernos que tienen amplias posibilidades de controlar y censurar. Y también del sector privado, que atesora un gran poder con la cantidad de datos de la ciudadanía mundial que albergan en sus servidores. Corporaciones como Google y Facebook son claros ejemplos de esto.
El llamado que hacen es a aprender distintas formas para protegerse de estas circunstancias que presumiblemente van a ir a más. La encriptación de nuestras comunicaciones y el sentido común para saber lo que poner o no en la red, las claves del asunto.
Por cierto, a modo de apunte, tremendo el prólogo de Enrique Dans en la edición española.
¿Qué harías si no tuvieras miedo? (Borja Vilaseca)
Un libro que me recomendó mi hermana que podría catalogarse como de motivación o autoayuda. No soy muy amante de este tipo de literatura pero he de reconocer que este ayuda a abrir perspectiva sobre la situación actual.
El libro se divide en tres partes. Sin duda la primera es la que merece la pena leer, en la que explica el funcionamiento del sistema antes de la crisis y las causas que ha habido para su derrumbe. Las otras dos partes son más motivacionales, pero el autor sigue desarrollando su argumento.
Yo pienso que no se trata de un cuadro tan bonito como el que Borja Vilaseca pinta. Pero coincido en su opinión (y más después de leer su argumentación) que estamos en un cambio de época. Un cambio profundo en el sistema que rige la forma de funcionar de nuestra sociedad.
La era industrial ha llegado a su fin y estamos en plena era de la información (del conocimiento -como dice él-).
Esto nos deja una situación de cambio en el ámbito laboral que será mejor que afrontemos. Entramos en una época hipercompetitiva en la que el ingenio y la creatividad son claves para afrontar el fin del trabajo estable y orientado a la producción.
En este mundo global en el que la producción se ha ido a lugares donde los costes son menores, en el que el ladrillo se ha roto (con todo el efecto dominó que eso supone), en el que los servicios públicos están en el punto de mira de Eduardo manostijeras nos deja un desierto laboral por okupar.
Necesitamos nuevas profesiones, orientadas al servicio y que aporten algo nuevo a la sociedad que nos rodea.
Se terminó el sofá.
Casi sin darnos cuenta el mundo ha cambiado en muchas esferas. Hemos sido educados para cumplir con nuestro trabajo y tirarnos al sofá para disfrutar de nuestras horas libres. Otros se encargaban de pensar por nosotros.
Ahora por las circunstancias en las que nos encontramos, especialmente en occidente, nos toca rompernos la cabeza para encontrar la forma de ganarnos la vida, de implicarnos en política (quien tenga deseo de hacerlo -no es mi caso-) y de defender la neutralidad en la red de formas técnicas y que requieren aprendizaje.
El mundo ha cambiado. En esta era de cambio nuestra acción es inevitable en una u otra esfera de nuestra vida.
Hace casi un mes me cayeron los 30 tacos y mi dulce compañera me trajo un iPad mini como regalo. Cómo no, como buen gadgetero me gustó el regalo y me abrió la posibilidad de darle un uso muy diferente a la tableta del que le daba al iPad 3. Este siempre va en mi mochila.
Como el horno económico no está para muchos bollos vendí el iPad 3, pues tampoco iba a sacarle mucho rendimiento a tener dos tablets de dimensiones diferentes (y resoluciones -pensaréis algunos
.
La cuestión es que la llegada y el uso en movilidad del iPad mini me ha llevado a plantearme a reducir las dimensiones de mi smartphone. Me he planteado vender mi Note2 para coger algún terminal más ligero y pequeño. Últimamente leo mucho desde el Sony eReader (cosa que me pregunto por qué no habré hecho antes) y para los pdfs uso el iPad. Disponer de un terminal más cómodo de llevar era una opción ahora que dispongo de un tablet ligero y que llevo conmigo a todos lados. Finalmente he desistido de hacerlo. En primer lugar por la batería que tiene el Note 2, pero también porque me decanto por la opción de vivir, tecnológicamente hablando, un año por detrás de la novedad.
He barajado varías opciones. Sin ánimo de que nadie me apredee, incluso la compra de un iPhone 5. Estoy encantado con el iPod Touch, pero llevar dos dispositivos no termina de ser la mejor de las opciones. Sin embargo he descartado hacerlo por el precio (incluso vendiendo el iPod y el Note 2 tendría que dejarme buena pasta) y por algunas cosas que me encantan de Android que me costaría no tenerlas (la función share, las posibilidades del sintetizador de voz, el meter un archivo en el terminal y abrirlo con la app que me de la gana y algunas otras…).
Sea como fuere quiero compartiros las diferentes “formas de consumo” que me he planteado por si a alguno le resulta útil.
1. Siempre tener lo último. Sin duda la opción más tentadora para todo geek. Para ello se requiere comprar los terminales libres y disponer de las buenas tarifas y libertad que ofrecen compañías como Pepephone, MasMovil, Tuenti o Amena (mi recomendación es la primera).
Los terminales suelen tener dos ciclos de renovación, allá por los meses de abril-mayo y otra antes de la campaña navideña (septiembre-noviembre). Por lo general hay más novedades en estas fechas, reservándose para la época navideña los lanzamientos de los Note, Nexus e Iphone.
La disponibilidad económica manda. Es una opción cara. Lo bueno que tiene es que se puede vender el terminal que uno quiere relevar a un precio bastante alto, pues se trata de un terminal bastante actual. Sería mi caso ahora si decidiera vender mi Note2, ya que al no estar en el mercado el Note3 todavía se podría vender a un precio bastante elevado.
Sin embargo sigue siendo una opción cara, ya que el terminal de segunda mano (más si es Android) ya tiene un margen amplio de bajada por no ser nuevo (y por la amplia oferta que hay). Comprar un terminal recién sacado del horno nos costará caro. La novedad en Android se puede pagar unos 100 euros por encima. Si esperamos 2 o 3 meses, el mismo terminal lo encontraremos más o menos 100 euros más barato, y nos ahorraremos los sufrimientos de los hearly adopters (o de ser los conejillos de indias que se comen todos los fallos de fabricación que comunmente tienen los terminales en sus primeras tiradas).
2. Ahora lo último, renovar en dos años. Una opción que puede ser un desafío para todo geek.
Lo bueno de esta opción es que se puede optar por dos opciones:
- Comprarlo libre. Desembolsando una gran cantidad adquiriendo un terminal de última generación tomándolo como una inversión a largo plazo.
- Financiarlo por operadora. Es una opción que está empezando a ser razonable. Parece que algunas operadoras están mejorando sus ofertas. Podéis comprobarlo viendo la oferta de Yoigo con el S4 o la de Amena con el HTC One. Terminales a precios razonables que nos permiten adquirirlos con tarifas al estilo OMV (1Gb de datos por 7 o 9 € y llamadas a 1 o 2 céntimos).
La primera opción nos permite movernos libremente entre operadoras o poder disfrutar del buen servicio y los 1,5 Gb por 12€ que ofrece Pepephone. La segunda, nos mantiene atados a una compañía (aunque con una tarifa razonable) y nos facilita cumplir con nuestro propósito de no cambiar de terminal en esos dos años -algo que para nuestra impulsivilidad geek no es del todo malo-.
3. De Nexus a Nexus… El precio agresivo que Google decidió vender el Nexus 4 ha abierto una nueva posibilidad. El precio es bastante asequible para lo que ofrece la competencia, por lo que puede ser una opción realmente buena. Ya sea para ir renovando año a año, o haciendo durar el terminal dos años y pasar por alto una generación.
Aquí nos encontramos con arenas movedizas. Ya que nadie nos garantiza que la próxima generación de Nexus sea también con precios subvencionados. Aunque mi opinión es que si, que Google mantendrá su politica de precios. Por otro lado creo que la línea Nexus es un producto temporal de Google. Pienso que llegará el momento en el que Google fabricará con Motorola definitivamente y cerrará la línea Nexus. De cuándo pasará esto no tengo ni la más remota idea. Pero no diría que fuera antes de 2 años ni después de 5. Pero todo esto son especulaciones de una mente trastornada como la mía…
4. Terminales nuevos, un año después. Ayer hablaban de esto en el Androide Libre. Terminales como el S3 o el Motorola Rarz están a precios ajustados. Se pueden adquirir por unos 380 € nuevos y libres. Otro terminal muy interesante para comprar ahora es el Sony Xperia T. Un terminal que salió hace muy poco pero que pronto se ha visto relevado por el Xperia Z. Se puede comprar en Amazon por 300 €.
Si, para esta opción nos hemos de armar de paciencia y poner nuestra calenturienta mente consumista (geekempedernidamente hablando) en un cubo repleto de hielos para pensar con frialdad que la tecnología puede ser usada con un año de retraso. Todo dependerá de tu poder adquisitivo, de lo que te puedas permitir. Pero veo con muy buenos ojos esta opción.
5. Afiliados a la segunda mano. El cambio asiduo de terminales de segunda mano es otra opción viable. Aquí el amigo Tolo (Camionero Geek) se mueve como pez en el agua.
Vendes tu terminal y por el mismo precio o un poco más consigues otro en movimientos cada 6 meses aproximadamente. De esta manera se consigue no perder valor para la reventa del terminal comprado e ir adquiriendo otros terminales también de segunda mano que no supongan un gran salto generacional respecto al anterior y de esta forma podamos adquirirlo por un precio similar al recaudado.
Por otro lado está bien pensado hacerlo así, ya que los terminales no tienen una vida útil (óptima) muy longeva. Hace poco escuché a Dioxcorp decir que las memorias de almacenamiento de los smartphones comenzaban a fallar a los 2 años (como media aproximada), al igual que los discos ssd que son de la misma tecnología. Sin duda un dato a tener en cuenta para planear un poco el ritmo y la forma de consumo que queremos hacer. Con más razón si adquirimos un terminal ya usado con unos meses de uso. Es buena opción esta filosofía del trueque o compraventa “programada”.
Conclusiones. Cada uno tendrá sus propias preferencias y sus posibilidades económicas. Yo por ahora me decanto por seguir con el Note2 hasta que el HTC One deje de ser el buque insignia de la marca coreana y su precio baje al nivel de “la tecnología de un año antes”. Otra opción es esperar al lanzamiento del próximo Nexus (y a su asentamiento en el mercado con un stock accesible) siempre y cuando Google mantenga su politica de precios.
¿Cómo lo veis? ¿Os decantáis por alguna de estas opciones? ¿Tenéis alguna otra opción? ¿O vivís el presente?
Llevo días pensando acerca de Microsoft y de la mala recepción que estoy viendo en la gente de las renovaciones que ha hecho la compañía en algunos de sus productos.
La semana pasada estuve en casa de una de mis tías para hacerle algunas configuraciones en su nuevo portátil. Se ha comprado un portátil con Windows 8 y no termina de aclarárse con el nuevo sistema. Me contó que se planteaba ponerle Windows 7 porque no se familiarizaba con él.
Hace unos días recibí un whatsapp de mi alarmada madre diciéndome que se había quedado sin internet en el móvil. La situación resultó ser mucho menos alarmante. Lo que le pasaba era que su aplicación de Hotmail había dejado de funcionar pidiéndole que actualizara a Outlook. El cambio de interfaz la descolocó un poco…
Son dos situaciones puntuales que manifiestan la encrucijada de Microsoft. La compañía decidió apostar fuerte por innovar, por hacerse con un trozo del pastel en la era móvil. Se podría decir que el trabajo que han hecho es bastante bueno. Al menos a mi me gusta. Aunque la falta de aplicaciones la dejan bastante mermada para luchar de tú a tú con sus competidores.
Microsoft ha sido el rey en la era del PC. Arrasaron con cualquier tipo de competencia, vendieron licencias como churros… Pero en el momento que han visto que el mercado que dominaban tenía fecha de caducidad han tenido que hacer una maniobra arriegada, con las prisas que vienen cuando uno tiene que vaciar su nevera en pocos días y casi todo lo que hay dentro está a punto de caducar.
Han hecho bien las cosas, pero dos factores juegan en su contra. La primera es la curva de aprendizaje que requiere su nuevo sistema de PC. Pensemos que la gran mayoría de usuarios de PC no son expertos ni apasionados de la tecnología. Usan el PC porque hoy en día la tecnología es imprescindible para comunicarse e informarse, o porque sus trabajos requieren el uso de ellos. Creo que este cambio puede ocasionar que muchos vean con buenos ojos un cambio de sistema. Al fin y al cabo la mayoría de gente (y empresas) son reacios a los cambios por la curva de aprendizaje que eso requiere y por la desconfianza que genera el cambio. Pero si Microsoft ha forzado a la gente al cambio, ¿quien dice que no se vayan decantando por un cambio que quizás resulte más amigable y sencillo de aprender como pueda ser a Ubuntu o a Macosx?
Está claro que Microsoft ha puesto en su punto de mira el mercado de los tablets y los smartphones. No ha querido morir sentada, sino buscando vivir renovando su línea de negocio. Pero en mi opinión han llegado un poco tarde, con sus competidores ya muy asentados en el mercado y con Tiendas que cuentan con gran cantidad y calidad de aplicaciones. Les va a costar tiempo ser una alternativa en este campo.
Soy consciente que Windows 8 cuenta a estas alturas con las aplicaciones imprescindibles en su catálogo, pero no cuenta con el ritmo de desarrollo e innovación (de apps) con el que cuentan Apple y Google.
Vaya, que en mi opinión, pese a que me gusta que Microsoft haya buscado la innovación y haya hecho un buen sistema realizando un movimiento agresivo, no le veo buen futuro en el plazo de 10 años…
Esto, claro está, es sólo mi opinión y no cabe duda que lo más seguro es que me equivoque.
Soy desde hace años usuario satisfecho de Wunderlist, pero hace unas semanas me animé a probar Any.DO movido por las muchas recomendaciones que otros usuarios hacían de esta aplicación.
Any.DO sirve para lo mismo que Wunderlist, pero bajo mi punto de vista está más optimizada que ésta para que sea útil en el uso personal. Esto, al menos en Android, ya que la app en este sistema goza de algunos interesantes añadidos que no tiene la de iOS.
¿Qué es Any.DO?
Seguro que la mayoría ya la conocéis. Es simplemente un gestor de tareas.
Entre sus puntos fuertes está la división de las tareas, que se dividen en: Hoy, Mañana, Próximamente y Algún día. Creo que es todo un acierto esta división, ya que de una forma muy simple y rápida podemos ir anotando nuestras tareas y tenerlo todo bien organizado. Personalmente me está resultando más cómodo este método que el de las listas de Wunderlist. De todas formas pienso que cada forma tiene su utilidad para diferentes necesidades.
Otra cosa que me encanta es la funcionalidad de “Organiza tu día”. Podemos programar que cada día a determinada hora nos pida organizar las tareas del día. Lo bueno es que el proceso se hace en 1 minuto. En mi caso lo tengo puesto a las 10 de la mañana, hora en la que cada día estoy en tiempo de desayuno en el curro. Una vez nos salta el aviso podemos iniciarlo o portergarlo a otro momento que nos venga mejor. Si lo iniciamos nos van a ir saliendo las tareas que tenemos en Hoy y podremos elegir entre varias franjas horarias para recibir un nuevo recordatorio de dicha tarea.
Me gusta esta funcionalidad porque no hemos de pensar en organizar las tareas del día, la app ya nos lo pide. Un punto a favor para los despistados como yo.
Otra interesante funcionalidad es que cuando recibimos una llamada que no podemos atender nos ofrece la posibilidad de anotarlo en tareas para que nos recuerde que hemos de llamar a ese número en la hora que indiquemos.
La aplicación para iOS está también bien, pero no incluye estas funcionalidades por la imposibilidad de que las apps se integren en el sistema. Sin duda este es otro punto fuerte en Android, que los desarrolladores pueden hacer aplicaciones que hagan uso de las entrañas del sistema y se interrelacionen con cosas como las llamadas, los contactos o el cada vez más usado sintetizador de voz de Android.
Otro punto flaco es la falta de apps para iPad, Mac y PC. Aunque en equipos de escritorio contamos con una extensión para Chrome que nos permite un completo control de las tareas. De todas formas no son cosas que eche mucho de menos, ya que donde realmente es util este tipo de servicio enfocado a recordatorios y tareas personales es en el bolsillo.





